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De camino al Lago Titicaca.

Me desperté a las 5:30 de la mañana y fui a ducharme, pero, para mi mala suerte, no había agua caliente. Reuní todo el valor posible y terminé bañándome con agua fría. Luego me puse el saco de alpaca que compré ayer y una chompa, ya que hacía mucho frío; creo que estábamos a unos 4 grados Celsius.

El guía llegó puntualmente a las 6 a.m. y descendimos del hotel para caminar unas cinco cuadras hasta el punto donde nos recogería el autobús. Tuvimos que esperar casi treinta minutos hasta que finalmente apareció; para entonces, ya tenía todos los huesos helados por el frío. Desde allí, el vehículo se dirigió a la terminal para recoger a más pasajeros. Esperamos unos quince minutos adicionales antes de partir rumbo a Copacabana. El trayecto tomaría aproximadamente cuatro horas, ya que estaban ampliando las carreteras y las actuales se encontraban en mal estado.

Por cierto, Ruddy es el nombre de mi guía (¿no es un nombre curioso para un guía?), y el tour tuvo un costo de 135 USD (930 BOB). El paquete incluía los servicios del guía, alojamiento, comidas y transporte; sin embargo, las bebidas y la cena no estaban incluidas.

Me dormí en varios tramos del viaje. Pasamos por El Alto y atravesamos el altiplano. Tras tres horas de trayecto, nos despertaron: habíamos llegado al estrecho de Tiquina.

Primera parada  – Estrecho de Tiquina

Aquí hay dos ciudades que comparten el servicio de transporte en lancha —embarcaciones muy antiguas y en mal estado— para cruzar de San Pedro a San Pablo de Tiquina. Al subir a la lancha, era imposible no notar la expresión de los turistas extranjeros: sus rostros reflejaban una mezcla de sorpresa y miedo ante la apariencia del bote y la manera en que se encendía el motor, tirando de una cuerda entre una nube de humo que se elevaba con cada intento.

Las comunidades se oponen a la modernización del servicio, ya que constituye su única fuente de ingresos. Existe un proyecto para construir un puente, aunque hasta el momento no se ha concretado nada. El estrecho separa el Lago Menor del Lago Mayor del Titicaca.

Para cruzar el estrecho, los pasajeros lo hacen en lancha mientras que el autobús es transportado en ferry. Los costos comunales son bastante económicos: aproximadamente 2 BOB por pasajero (unos 0,29 USD) y 50 BOB por el autobús (alrededor de 7,25 USD). Ruddy me comentó que este procedimiento se adoptó hace unos dos o tres años, después de un trágico accidente en el que varios estudiantes perdieron la vida cuando un autobús volcó dentro del ferry. Desde entonces, se prohibió realizar el cruce de la forma anterior.

Me llamó la atención la venta de unas bolsas grandes de comida. Ruddy me explicó que se llaman **Pasancallas**, y que están hechas de **maíz dulce**, muy similares a las **pipocas** (conocidas como *canguil* en Ecuador, *crispetas* en Colombia, *cabritas* en Chile, entre otros nombres).

Tomamos nuevamente el autobús y, después de cincuenta minutos de viaje, llegamos a Copacabana.

Nuevamente me quedé dormido; el viaje realmente resulta agotador. Sin embargo, después de casi cuarenta minutos desperté con esta grata sorpresa. (Las fotos fueron tomadas con el móvil desde el autobús, de ahí su baja calidad).

 

Lago Titicaca

La vista era impresionante; nunca antes había contemplado un lago tan vasto. Dejé el móvil a un lado y me quedé simplemente admirando sus aguas…

Lago Titicaca

Segunda parada  – Copacabana

Y llegamos. No, no se trata de Río de Janeiro :). Copacabana es una pequeña ciudad de unos tres mil habitantes, punto de partida hacia la Isla del Sol. En tiempos del Imperio inca fue un lugar de gran relevancia, y aún hoy conserva su carácter sagrado, ya que siempre ha sido un importante centro de peregrinación.

Al igual que la iglesia de La Paz, que presenta un estilo barroco andino, las figuras incorporan elementos indígenas, como la luna y el sol. Además, hay un cerro llamado El Calvario; creo que mañana podremos subir hasta la cima y tomar algunas fotografías.

Copacabana

Antes de continuar nuestro viaje, fuimos a almorzar. Finalmente pude probar algo más típico: una sopa de quinua y un filete de pollo.

Quinua

Desde este punto tomaremos otra lancha con destino a la Isla del Sol. El trayecto dura aproximadamente una hora y media, y las embarcaciones también son operadas por la comunidad local. Aunque valoro este modelo de gestión comunitaria, considero que la calidad del servicio turístico y la atención al visitante pueden verse afectadas. El costo del pasaje en lancha es de unos 25 BOB (aproximadamente 7 USD) por trayecto.

Luego de seguir durmiendo en la lancha (jajaja), llegué a la isla.

Tercera parada  – Isla del Sol

El acceso a la isla tiene un costo de 5 BOB (aproximadamente 0,80 USD). Los fondos recaudados se destinan a la comunidad local, con el propósito de mantener los caminos y garantizar el suministro de agua. A partir de ese momento, Ruddy comenzó a relatarme la historia de la isla y su vínculo con los pueblos aymara e inca. No me pidan que la repita entera: ¡fue una cantidad enorme de información! 🙂 Más tarde emprendimos una caminata hacia unas antiguas ruinas y, después, proseguimos el recorrido hasta llegar al hostal. Hora aproximada de llegada a la isla: 1:30 p. m.

La caminata resultó realmente exigente. Aunque mantuvimos un buen ritmo e hicimos solo unas pocas paradas, la altitud —alrededor de 4.000 metros sobre el nivel del mar— nos afectó bastante. La parte más dura, sin duda, fueron los tramos de escalones.

Al final de los escalones se encuentra la **Fuente de la Eterna Juventud**, una fuente de agua dulce cuyo origen permanece desconocido (según Ruddy 😊). De acuerdo con la cultura aymara, este lugar simboliza sus tres principios fundamentales: **Ama Sua, Ama Llulla y Ama Quella**, que significan **no robar, no mentir y no ser ocioso**.

Luego de casi 40 minutos de caminata llegamos a las ruinas.

Tomé algunas fotos y luego nos dirigimos al hostal. Después de unos cuarenta minutos de camino, finalmente llegamos. Era una pequeña comunidad cuyo nombre ya no recuerdo, con varios hostales, restaurantes y tiendas. Se puede encontrar prácticamente de todo, aunque los precios son más altos que en Copacabana.

Ya casi caía la tarde y el paisaje se mostraba deslumbrante. Decidí sentarme en el restaurante, pedí una cerveza y, mientras la brisa acariciaba el ambiente, me quedé contemplando la incomparable belleza de nuestro planeta.

Empezó a soplar un fuerte viento y el frío se hacía notar. Dormiré pronto, ya que el cuarto es cómodo y abrigado. Por cierto, mientras caminábamos con Ruddy, hablamos sobre la seguridad en Bolivia. En términos generales, me comentó que el país es bastante seguro, aunque hay que tener precaución con los falsos policías que a veces roban a los turistas. De todos modos, me dijo que probablemente a mí no me pasaría nada, porque tengo aspecto de boliviano. ¡Qué puedo decirles…!

Mañana el sol saldrá a las 6:30, así que me levantaré temprano y me dirigiré al mirador para contemplar el amanecer.

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