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Lago Titicaca.

Este no es el primer viaje de mi vida, ni tampoco será el último; sin embargo, este tiene un valor especial, ya que fue el que me impulsó a crear el blog. Tomé mi Mac y comencé a buscar información sobre viajes al Lago Titicaca. La decisión fue instantánea: encontré pasajes, tours y alojamientos, y sin pensarlo demasiado, lo hice. Solo quería despejar mi mente y vivir una nueva experiencia.

Como les comenté, soy ingeniero en sistemas, por lo que tengo una gran afinidad con las computadoras. Me apasiona investigar en Internet y utilizar agregadores para comparar precios y descubrir nuevas recomendaciones. Considero que Despegar es una herramienta excelente que me ha ayudado a encontrar los mejores pasajes. Me parece mucho más completa que TripAdvisor o Booking, ya que ofrece una mayor variedad de opciones enfocadas en los países de América Latina.

Una buena recomendación es evitar comprar los pasajes con tanta prisa :). Los precios suelen ser una locura, y si los adquieres con poca anticipación, terminarás pagando mucho más de lo habitual. Lo ideal es hacerlo con tiempo, aunque, claro, los viajes más memorables a veces son precisamente los que se improvisan.

Al aeropuerto

El billete que compré incluía una escala en el aeropuerto de Lima. Viajé con LATAM, la nueva aerolínea surgida de la fusión entre LAN y TAM. Me agradó mucho el servicio, especialmente las mejoras en el sistema de entretenimiento, que permite acceder a películas y contenidos multimedia desde el propio teléfono móvil de cada pasajero, algo muy innovador. El vuelo resultó bastante agotador, ya que al llegar a Lima descubrí que había una segunda escala en Santa Cruz. Por eso, conviene estar atentos, pues es probable que otros pasajeros se encuentren con la misma situación. En esa escala tuve que permanecer una hora más dentro del avión antes de continuar hacia La Paz.

Al llegar al aeropuerto de La Paz, aunque no había muchas personas en el área de migración, la sala estaba muy mal organizada. Se formaron tres filas, pero solo una persona atendía el proceso, lo que inevitablemente provocó caos: las tres filas terminaron fusionándose en una sola. Eran las 5:30 de la mañana, así que preferí no reclamar y esperar pacientemente a que la fila avanzara. Afortunadamente, unos minutos después se incorporaron tres funcionarios más y todo se resolvió en unos diez minutos. En general, el aeropuerto me pareció poco organizado y con una infraestructura bastante deficiente.

Salí por la zona de aduanas y busqué una casa de cambio. La tasa era la misma que había visto en Internet (1 USD = 6,89 BOB), así que cambié 400 USD, esperando que sea suficiente para mis cinco días de estancia. Después caminé hacia la salida, donde me ofrecieron un servicio de taxi. Ya había comprobado previamente que el costo oscilaba entre 70 y 80 BOB, así que le di al conductor la dirección del hotel y me llevó hasta allí. Por cierto, en Bolivia no existen taxímetros, por lo que es necesario acordar el precio antes de iniciar el viaje.

El hotel

El camino hacia el hotel me dejó una muy mala impresión. Había conseguido una oferta por Despegar —una verdadera ganga de precio, aunque pronto entendí por qué—. El barrio era bastante feo y tenía un aspecto peligroso, especialmente de noche.
El conductor me cobró los 80 BOB y me dejó en la entrada; eran casi las seis de la mañana. Toqué el timbre y, al cabo de un momento, me abrió el recepcionista, visiblemente somnoliento. Me entregó las llaves de la habitación y el control remoto del televisor. Subí hasta el quinto piso y, para mi sorpresa, encontré la ventana del cuarto completamente abierta (¿a quién se le ocurre dejarla así?). La temperatura en ese momento era de apenas 2 °C.

Cerré la ventana, me puse un pijama más abrigado y ajusté el despertador a las ocho de la mañana para organizar con calma todos los recorridos de la semana.

A dormir!!!

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